En el marco de la 58° sesión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, el canciller de la República Bolivariana de Venezuela, Yván Gil, denunció de manera firme la persistente utilización de los derechos humanos como herramientas de presión política y exigió el cese de lo que calificó como una «geopolítica selectiva» contra naciones soberanas.
Durante su intervención desde el Palacio de las Naciones, el diplomático venezolano subrayó que el Consejo debe recuperar su esencia original como un espacio de diálogo imparcial y universal.
«El Consejo de Derechos Humanos no puede seguir siendo un escenario de geopolítica selectiva. Debe recuperar su credibilidad como un foro verdaderamente comprometido con todos los pueblos, sin sesgos ni agendas de intervención», afirmó Gil.
Denuncia contra la desinformación y las sanciones
El Canciller alertó sobre la fabricación de informes basados en datos falsificados y narrativas diseñadas por agencias de inteligencia extranjeras. Según Gil, estas operaciones mediáticas y jurídicas buscan justificar agresiones económicas y desestabilizar el orden constitucional en Venezuela.
Asimismo, reiteró el impacto devastador de las Medidas Coercitivas Unilaterales (sanciones), señalando que estas políticas constituyen una violación masiva de los derechos humanos al dificultar el acceso de la población a salud, alimentación y servicios básicos.
En este sentido, hizo un llamado a la comunidad internacional para actuar con la misma firmeza ante todas las violaciones de derechos en el mundo, cuestionando el «silencio ensordecedor» ante otras crisis globales.
Cooperación y soberanía
A pesar de las agresiones, Gil reafirmó el compromiso de Venezuela con el fortalecimiento institucional y la protección de su pueblo. Destacó que el país mantiene una política de puertas abiertas a la cooperación técnica, siempre que esta se base en el respeto estricto a la soberanía y la autodeterminación.
Finalmente, el representante de la diplomacia bolivariana instó al Consejo a realizar un ejercicio de autocrítica para corregir las desviaciones que han permitido que el sistema multilateral sea secuestrado por intereses hegemónicos.