El cuarto mes del año marca para nosotros un tiempo de victoria, de triunfos, de lucha y
logros.
Decía Confucio, uno de los pensadores más conocidos del Lejano Oriente, que “El triunfo
depende de la preparación previa, y si no te preparas lo suficiente, no te sorprendas por el
fracaso”.
Y la preparación previa se ha convertido, desde el surgimiento en la escena pública del
Comandante eterno Hugo Rafael Chávez Frías, en uno de los ingredientes básicos en el
accionar de los revolucionarios, de la gente comprometida.
Al igual que un hombre de campo debe sembrar, previniendo los problemas ambientales,
el clima, las lluvias o la sequía, planificando el desmalezamiento y el control de plagas, así
como el continuo abonar para fortalecer el sembradío, de esa misma forma aprendimos a
actuar en política y en la construcción de nuestra sociedad.
Lo hicimos en la época colonial, cuando se planificó, aquel jueves santo de 1810 la
interpelación de Vicente Antonio Emparan y Orbe, Capitán General y Gobernador de
Caracas a la salida de los rituales en la Catedral, su llevada hasta la casa de gobierno y la
presión popular para que renunciara a su cargo, dándose el grito de independencia ese 19
de abril.
Y si allá en el pasado histórico, hubo estrategia para salir victorioso, también la hubo el 11,
12 y 13 de abril de 2002, cuando un grupito antidemocrático decidió tomar el poder por la
vía violenta, sin percatarse de que el presidente Chávez había abonado el terreno popular,
y con un gran corazón había sembrado la fidelidad en un pueblo resteado con la justicia.
Por eso, el líder de este proceso sabía que no estaría solo. Él era un pueblo orgulloso,
digno, sabio, dispuesto a dar la batalla para salir airoso. Y 48 horas fueron suficientes para
revertir la acción criminal orquestada desde el norte. Nunca, en ninguna parte del planeta,
una operación cruenta de un derrocamiento presidencial había sido repelida y revertida
tan rápido.
Fue el sentimiento de millones de personas, cuya única arma era un corazón lleno de
amor y una Constitución viva, participativa, protagónica. Fue esa siembra de amor lo que
logró un Abril victorioso.

Y ahora, en esta nueva confrontación, ha sido la siembra iniciada por Chávez, continuada
por Maduro y por cada uno de nosotros, lo que nuevamente va a dar su fruto, una
cosecha de compromiso con un mañana luminoso, donde todos tengamos la oportunidad
y las posibilidades de volver a consolidar nuevas victorias.
Abril ha quedado en nuestra memoria como el mes de los logros sociales, de los esfuerzos
colectivos, donde el grito de “No te queremos imperialismo y vete lejos colonialismo”
regresa a nuestras gargantas.
Hoy es: “Fuera imperialismos, fuera miseria, fuera egoístas de nuestra Patria” y
“Bienvenida solidaridad, trabajo conjunto, esfuerzo de unidad, igualdad de hermanos”.
Abril es un mes de victorias, de logros, de acciones planificadas, conscientes, que nos
llevarán nuevamente al triunfo. En mayo, tiempo de cosecha de los mejores frutos de
nuestra tierra fértil.
Avancemos unidos a la victoria de Maduro que es la victoria del pueblo, para consolidar la
paz, la justicia y la equidad que nos enseñó Chávez, dentro del más sano espíritu
bolivariano, zamorano y chavista.